Asociación de Tanatología Integral
de Puerto Rico y el Caribe, Inc.
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Asociación de Tanatología Integral de Puerto Rico y el Caribe, Inc.®


 

Origen Educativo de la Tanatología Integral® en Puerto Rico


Una pequeña reflexión simbólica sobre el comienzo de la educación en Tanatología Integral en Puerto Rico, Año 2000

Cuando todo comenzó, un árbol acogió bajo su copa, el primer taller de Tanatología Integral®.

Sonrió esperanzado al escuchar que fué tomado como símbolo de la existencia compuesta naturalmente por vida y muerte.

Cada parte de él fué utilizada para contemplar comparativamente componentes de la vida humana.

Sus raíces: valores, principios morales, éticos, las memorias y recuerdos de familiares y amigos (tanto buenos o malos).

Su tronco: la vida misma, la solidez y perspectiva de la familia y del individuo.

Sus ramas: las diversas direcciones que toman las vidas de los diferentes miembros de la familia o los diversos aspectos de la vida del individuo; unas 
direcciones más fuertes que otras, unos aspectos de la vida y del enfrentamiento a las inclemencias del tiempo mejor desarrollados y dirigidos que otros, 
una capacidad de flexibilidad y de oscilación en armonía en el espacio, determinada por el Todo.

Sus hojas: los diferentes miembros de la familia, o cada uno de nosotros, vulnerables al paso del tiempo, porque todo cambia, nada es estático...

Sin embargo cada hoja nace, crece, se desarrolla, madura, y muere a un paso muy particular y de manera única.

Hay hojas que al morir se entregan al proceso con gracia y gratitud, otras se resisten y se aferran… Nosotros también.

Nuestra actitud hacia la vida y hacia la muerte determinan los colores de nuestra existencia:
Como la respiramos y recibimos, como la elaboramos, su proceso, calidad, belleza, nuestra victoria o nuestra derrota.

Si queremos honrar la existencia como un regalo del Creador, de la fuerza que nos sostiene aquí, aprendamos a asimilar y a manejar los cambios. Advierto 
que es un ejercicio de por vida. Se aprende siempre, se crece siempre, aún muriendo, si así lo permitimos.

No esperemos por nadie. Comencemos. Seamos el cambio que deseamos ver en el mundo* para una existencia más plena y rica en bendiciones.

Nuestro árbol sonríe aún, satisfecho de su papel en nuestro taller…se sintió reconocido y amado.

*Ghandi

Shirley Marie Silva, Tanatóloga Certificada
(787)585-2755

 

 


 

¿Quién es el Tanatólogo Certificado (CT o FT), en Puerto Rico? 
El Tanatólogo Certificado en Puerto Rico es quien cumple con los estándares y guías de la “Association for Death Education and Counseling®”- ADEC® (Asociación para la Educación y Consejería sobre la Muerte), esta es una de las organizaciones interdisciplinarias más antiguas en el campo del morir, la muerte y la pérdida. La ADEC ofrece un programa de certificación en dos niveles para profesionales en la tanatología. Este programa protege al público creando un estándar para la práctica de la Tanatología mientras ayuda a los profesionales a desarrollar y demostrar su dominio en el conocimiento de la Tanatología y temas relacionados. La “ADEC” otorga designaciones de “CT®” (Certified in Thanatology) y de “FT®” (Fellow in Thanatology). Los recipientes de estas designaciones requieren efectuar un proceso de recertificación cada tres años. Referencia: http://www.adec.org/Certification.htm

Para efectos de Puerto Rico, ambas designaciones corresponden al perfil del Tanatólogo Certificado. A continuación sus particularidades:

CT – Certified in Thanatology: profesional quien posee como mínimo, grado de bachillerato de Puerto Rico o Estados Unidos, dos años de experiencia verificable o un año (en el caso de maestría o doctorado) en el campo de la muerte y el duelo, certificado o cursos aprobados en Tanatología según requerido, reválida en Tanatología y certificación de la ADEC. Debe cumplir con todos los requerimientos de esta agencia según aplique y recertificar cada tres años.

FT – Fellow in Thanatology: profesional quien posee maestría o doctorado y más de cinco años de experiencia verificable en el campo de la muerte y el duelo, además de cumplir con los todos requisitos solicitados por la ADEC para esta designación y su recertificación. 
Estos profesionales pueden añadir las siglas CT o FT a su firma una vez cumpla con los requisitos para la certificación de la ADEC. Para más información sobre la Certificación en Tanatología visite www.adec.org 

Facultades y Funciones: Un profesional con un certificado en Tanatología no es un Tanatólogo Certificado (CT). Cada perfil contribuye grandemente al desarrollo de la Tanatología en Puerto Rico, y cada uno posee sus respectivas facultades y funciones. Un profesional con un certificado en Tanatología aporta a la misma la conciencia, el ejercicio y méritos de su trayectoria profesional dirigidos a evolucionar la práctica en el campo de la muerte, el duelo y las pérdidas significativas . 

¿Qué puede constituir la práctica del Tanatólogo Certificado en Puerto Rico, en el campo de la salud?

  • Ser hábil en el manejo de situaciones de complejidad en su práctica.

  • Mostrar conocimiento sustancial en Tanatología y su relación al área específica en que se desempeña (área de profesión base), conocimientos de la metodología de evaluación y la habilidad de aplicar esta en su práctica tanatológica, fundamentada en conocimientos científicos y en su juicio crítico. 

  • Dirigir, colaborar y asesorar al equipo de salud u otros en la planificación, ejecución y evaluación del cuidado directo que se ofrece a los individuos, familias y comunidad.

  • Contribuir a evolucionar las políticas y servicios existentes en su entorno de trabajo mejorando la calidad del cuidado del paciente crítico, terminal, moribundo incluyendo familiares del mismo y el equipo de salud. 

  • Dirigir y realizar programas y proyectos tanatológicos. 

  • Trabajar en el entorno hospitalario como director o miembro de un programa tanatológico (incluyendo participación en los comités de ética, cuidado crítico, calidad de servicio y seguridad entre otros).

  • Trabajar en la educación tanatológica o como tanatólogo de empresa privada, pública o de práctica privada.

  • Trabajar casos por referidos o servicio directo.

  • Ofrecer consejería tanatológica. Su intervención utilizando la terapia profunda queda condicionada por el tipo de profesión base y los adiestramientos, las destrezas profesionales y personales que posea. Es responsabilidad del tanatólogo hacer referidos a otras disciplinas profesionales según sea el caso. Incluye al paciente y familia como parte activa de su trabajo y puede desarrollar dinámicas de grupo.

  • Trabajar diferentes tipos de pérdidas según la profesión base.

  • Contribuir al manejo terapéutico de casos de víctimas de pérdidas súbitas o traumáticas.

¿Qué más puede realizar un Tanatólogo Certificado? 
El Tanatólogo Certificado puede ser consultor y conferenciante y dedicarse a otros tipos e innovaciones tanatológicas según su profesión base y potencial creativo. 

¿Cuáles son algunas de las principales precauciones que deben tener las agencias contratantes del Tanatólogo Certificado o del Profesional con un Certificado en Tanatología?

  • Recordar que en Puerto Rico ejerce el profesional con licencias o certificaciones de Puerto Rico o Estados Unidos.

  • Corroborar que la procedencia de la Certificación como Tanatólogo o del Certificado en Tanatología esté a tenor con las leyes del país.

  • Realizar una verificación satisfactoria del credencial y trayectoria profesional del aspirante al puesto tanatológico, el cual debe ser profesional de la salud para el entorno hospitalario.

  • Establecer y acordar claramente los objetivos y las tareas del servicio para todo tanatólogo certificado o profesional con un certificado en Tanatología, y según la naturaleza del entorno laboral del servicio.

  • Observar que el aspirante muestre postura ética.

  • Contáctenos para más ideas de integración de servicio.

¿A parte de una formación profesional y educativa, qué otras cualidades debe cultivar un Tanatólogo? Visite Cualidades del Tanatólogo para conocer algunas reflexiones al respecto o que puedan relacionarse con ello; adáptelas según su necesidad, criterio o creencia -Shirley M. Silva RPT,CT

 


 

Cualidades del Tanatólogo
Conocimiento de sí mismo y amor por su nombre


Definitivamente la Tanatología aspira a que sus integrantes se conozcan a sí mismos, profundicen en su existencia e identidad, que reconozcan sus fortalezas y fragilidades y que tengan claro su propósito y compromiso con el campo. También espera que sepan reconocer si su acercamiento a la disciplina es con fines de sustitución de tratamiento y no de ofrecer servicio, lo cual puede ser contraproducente.

Al nacer, nos fue otorgado un nombre. He observado que aquellos profesionales a quienes les agrada su nombre, son más asertivos y mejor dirigidos en su propósito de vida y trascendencia. Un ejercicio hermoso para abrazar más su esencia humana es conocer el significado de su nombre, ya que si este no le es de mucho agrado, quizás su significado le permita reconsiderar su postura hacia el mismo y descubrir un significado nuevo para su imagen personal y proyección profesional. La Tanatología necesita seres humanos felices, dispuestos al servicio con un sentido de realización, estima y satisfacción personal elevadas. El nombre encierra una dirección posible.

Esta dinámica puede traer luz y sonrisas a muchos rostros y otorgar fortaleza al corazón de cada cual. ¿Cuánto dura esta fortaleza? Como todo lo que toca nuestro cuadrante emocional y espiritual: depende de la profundidad con que la sembremos en nuestro ser.

Cito de La Agenda Angelical de Lucy Aspra el extracto que galardona esta reflexión:
“…quiero que comprendas hoy la importancia de tu nombre. Cada ser humano y todos los seres de luz, tenemos el nombre que corresponde a la misión que debemos desempeñar. Todos tienen una vibración especial. Observa… estudia el significado de tu nombre y sabrás qué se espera de ti. Todo tiene que ver con el amor, con lo que Dios quiere que hagas. Nunca pienses que algo sucede porque sí.”

¡Enciende la llama de tu corazón, con el significado de tu nombre! 
Honra y ama a tu nombre porque contiene todo el potencial para nutrirte como Presencia Sanadora, otra cualidad necesaria en el tanatólogo exitoso.

El Tanatólogo como Presencia Sanadora

En nuestra sección “El Cuidador y lo Sagrado”, contemplamos la dinámica especial que se desarrolla cuando somos partícipes del cuidado de un paciente con una condición terminal o enfrentando muerte activa .Uno de los posibles resultados de esta dinámica es el desarrollo y fortalecimiento de lo que conocemos como “Presencia Sanadora”. Esta es una reflexión inspirada en el extenso trabajo de Therese Rando y basada en elementos de mi cuadrante espiritual. 
El término “Presencia” conlleva conciencia, existencia en el tiempo presente, inversión de energía que arropa a la persona, lugar, objeto, circunstancia o evento de nuestro interés. Al añadirle la cualidad sanadora implicamos que en dicha presencia habita una intención o capacidad de proyectar y otorgar amor a su prójimo. ¿Cómo? ofreciéndole alivio, bienestar, estabilidad, progreso, mejoría, curación o sanación. Una Presencia Sanadora puede también lograr grandes cambios a su medio ambiente.

Esta Presencia no tiene que curar (erradicar enfermedad), puede en vez sanar (lograr que un paciente experimente armonía entre su mente y corazón) y trabajar por un grado de bienestar no experimentado por el paciente o familiares del mismo desde el diagnóstico o la aparición de síntomas. 

Una “Presencia Sanadora” se nutre de las siguientes posturas: Presencia, Permiso, Paciencia, Predictibilidad y Persistencia. Sin ellas la mística con el paciente terminal o moribundo se puede ver afectada ya que su fe muchas veces se centra en la inclusión de nuestro ser en sus vidas de una manera especial, quizás hasta más significativa que la que puedan experimentar con su propia familia o allegados. El desarrollo o fortalecimiento de estas posturas dependerá de nuestro grado de compromiso con el campo de la muerte, el duelo, las pérdidas y con nosotros mismos como seres en búsqueda de la realización personal. A mejor conocimiento propio, mejor potencial de expresarnos como Presencias Sanadoras. Todos podemos llegar a serlo. La humanidad y el Planeta nos necesitan. 

La presencia es la condición o postura de acompañamiento de manera consciente, compasiva, armoniosa y alegre. Es una proyección de las mejores cualidades de nuestra esencia y del sentido saludable de identidad propia .Es la ofrenda del servicio genuino que es capaz de otorgar seguridad y confianza al paciente, familiares o allegados del mismo y al equipo de salud o de trabajo. Una Presencia Sanadora inicia su día dando Gracias al Poder Superior, bendice cada día y cada noche y es receptivo a todas las oportunidades que le pueda brindar el Universo en su marcha sorprendente. La presencia incluye honestidad y buena voluntad. Requiere humildad, buena autoestima y apertura para el crecimiento a través de la experiencia compartida con el paciente o familiares. El temor a la muerte y a la vida y su significado, es tema de trabajo continuo para quien desee proyectar “presencia”. Presencia es: Sé quien soy ¿Qué valores tengo para ofrecerle a mi prójimo y cuán abierto estoy para ello? ¿Cómo transmito esos valores y fortalezas? ¿Cómo me he preparado profesional, ética y espiritualmente para cuidar responsablemente al necesitado?

El permiso es la actitud de benevolencia hacia el prójimo bajo nuestro cuidado para que pueda expresar sus emociones tal y como las siente .Permite la expresión verbal y el lenguaje corporal que la situación amerite pero tomándose las debidas precauciones éticas y de seguridad bajo la responsabilidad de la Presencia Sanadora. El permiso cultiva el contacto con el ser interno, la confianza en el ser, el sentimiento de aceptación y de comprensión, los derechos de la libre expresión y de ser escuchado. Una muerte apropiada y un duelo normal tienen muchas más posibilidades de desarrollo si esta postura del permiso se ofrece. Como Presencias Sanadoras debemos prestar atención especial a los equipos de salud y seguridad, las poblaciones de los envejecientes, los niños, los adolescentes, los pacientes con retardación mental o condiciones que atacan el sentido de identidad, pacientes depresivos o con historial de familiares o intentos suicidas, la población homosexual, los divorciados, las personas con matrimonios previos o relaciones extramaritales . La razón para ello es que la sociedad muchas veces no reconoce que estas poblaciones puedan y/o tengan derecho de expresar reacciones de duelo ya sea porque: se supone que muestren control emocional, están muy ancianos o porque no tienen suficiente edad o condición mental apropiada para reconocer una pérdida y sentir dolor. Por otro lado, la sociedad muchas veces no reconoce el que poblaciones no aprobadas como éticas, morales o que estén señaladas con algún estigma, tengan el derecho de expresar su duelo abiertamente .No debemos olvidar los pacientes en etapa terminal por condiciones adquiridas por promiscuidad ni aquellos con condiciones crónicas con un pronóstico de vida promedio quienes día a día van observando pérdidas en los diversos aspectos de su ser y relación con el mundo, las cuales muchas veces son imperceptibles o pequeñas para la persona saludable pero sumamente significativas para estos pacientes . El permiso abre el camino para la transformación a través de la enfermedad, la muerte y el duelo. El permiso ejercita la observación y la percepción de lo sagrado : A pesar de ser inherente en nuestra esencia y diario vivir, muchas veces no es hasta que acontece la enfermedad, la muerte, el duelo o alguna circunstancia crítica en nuestras vidas que comenzamos a tomarlo en cuenta y a relacionarnos con él.

La paciencia es el reflejo de las enseñanzas aprendidas en torno a la sacralidad de la vida y la muerte. Es una virtud del cuidador y uno de los mayores beneficios que le podemos obsequiar a nuestros pacientes, familiares y compañeros de trabajo enfrentando pérdidas .El flujo de las reacciones ante una crisis, enfermedad, muerte o duelo es muy variado y no siempre ascendente o lineal por lo que no nos lleva todas las veces a una pronta resolución de las emociones consideradas como negativas o pesimistas .Tampoco es de esperarse un rápido desprendimiento de los afectos y apegos hacia la materia ni relación con el difunto o el objeto perdido .La paciencia es ejercicio para todos nuestros cuadrantes como seres humanos y nos ayuda a no personalizar las reacciones desagradables del prójimo en contra de su proceso de crisis . A nivel físico requiere buena ventilación, buena postura, relajación, descanso, higiene, nutrición y buena apariencia. A nivel mental requiere conocimiento propio, de la filosofía de vida propia y del paciente, conocimiento de la situación y de la respuesta que el paciente o familiar está ofreciendo al evento, información de la condición de enfermedad o crisis, buen entendimiento con el paciente y buen humor. A nivel emocional requiere que seamos genuinos en nuestros afectos y leales a nuestros sentimientos buscando ayuda para manejar nuestras reacciones emocionales, de ser necesario. A nivel espiritual requiere que tengamos claridad sobre nuestras convicciones religiosas y que no intentemos forzar una conversión cuando la misma no es indicada ni procedente. La atención a un paciente moribundo debe concentrarse en la espiritualidad, no en la religión, si identificamos que esta valiosa herramienta puede ser más factor de separación que de comunión. También requiere de la práctica de ejercicios que nutran y fortalezcan nuestro espíritu y la capacidad de una escucha atenta a pesar de diferencias religiosas. A nivel social requiere que contemos con una buena red de apoyo y de pares con quienes podamos conversar y compartir nuestras inquietudes y obtener herramientas adicionales de ayuda o de crecimiento personal.

.Todos estos elementos contribuye a que podamos tener mayor paciencia como Presencias Sanadoras.
La predictibilidad es la cualidad que se nos adjudica cuando le mostramos al paciente, individuo o grupo bajo nuestro cuidado que nos pueden contactar dónde y cuándo le indicamos y que pueden esperar nuestra llegada o atención en el lugar y hora que acordamos. Es una manera de dejarles saber que son honrados y tomados en cuenta y de que son importantes para nosotros. Es la forma de incluirnos dentro de su círculo de seres significativos y útiles para el proceso de vida que estén enfrentando. La predictibilidad también guarda relación con el continuo interés por la persona y el buen ánimo consistente para ofrecer el servicio.

La perseverancia tiene un fuerte lazo con la paciencia. Al ser perseverantes también somos faroles iluminando el sendero de todo aquel que dependa de nosotros aunque por momentos se distraiga con la oscuridad o las sombras. La perseverancia le permite al paciente saber que tenemos esperanza en su proceso de resolución o de sanación y que es aceptado con todas sus reacciones emocionales: si está enojado, deprimido, evadiendo, ignorando…También le ofrecemos la seguridad de que será apoyado no importa los avances o retrocesos que enfrente en su camino. Siempre debemos aspirar a hallar herramientas que le otorguen alivio, soluciones, esperanza de sanación, de relaciones, de significado y trascendencia. Si experimentamos algún rechazo (a veces pruebas que el mismo paciente impone por su necesidad de saber con quién cuenta realmente), seamos perseverantes, permanezcamos cerca si no podemos estar al lado, demos un tiempo: Enfrentarnos a la muerte, a una pérdida, a una enfermedad nos sumerge en un caos antes de ver la luz a través de las tinieblas… 

El Tanatólogo es Afable
Según el Diccionario de Mística (directores L. Borriello, E. Caruana, M.R. Del Genio, N. Suffi – Diccionarios San Pablo), el término indica un modo de hablar y de actuar muy agradable para el interlocutor, que se siente acogido con benevolencia. Es una cualidad que se aplica a quien se comporta con el prójimo de un modo sereno, cortés y grato. Una persona afable escucha pacientemente los problemas del otro y es capaz de mantener un diálogo abierto y cordial. Frente a la capacidad natural para inspirar confianza hay una serie de consejos que devuelven la paz y el ánimo a quien pide ayuda. La afabilidad otorga al prójimo el respeto debido y trata a todos en cualquier situación, con suma delicadeza. Según Santo Tomás de Aquino, se trata de una actitud de apertura al prójimo, especialmente a los que se sienten “marginados”, olvidados o despreciados por la sociedad en la que viven. De este modo, toda persona sin distinción de raza ni religión, es acogida con alegría sincera y amada por lo que es y se convierte en sujeto de amistad recíproca.

…Como respuesta a una exigencia del corazón humano, la afabilidad renueva la regla de oro de las relaciones sociales: hablar y comportarse con los otros del mismo modo que nos gustaría a nosotros ser tratados (cf Mt 7,12).

 

El Tanatólogo mira a los ojos

 


Mírame a los Ojos

 

…porque pondré mi mirada sobre la tuya para bien, porque amo contemplar y conocer tu alma a través de tus ojos.

 

De todas las maravillas de la creación, la capacidad de mirar es un arte que requiere de un gran ejercicio de buena voluntad en nuestros tiempos.

Siendo el cuerpo el vehículo por el cual nuestra alma de manifiesta, a parte del tacto, el sentido de la vista es el que nos ofrece la oportunidad de contemplar la vastedad del mundo, de las relaciones y de la expresión de sentimientos. Lo que hace primordialmente hermosos a los ojos es la mirada, no es su forma, su color, su lozanía, ni antigüedad.

Lo mismo podemos sentirnos estremecidos y arrobados por una mirada de ojos morenos que claros, almendrados u oblicuos.

Lo mismo podemos sentirnos impactados por una mirada de un adulto como de un niño, de un conocido como de un desconocido. No olvidemos al ciego, capaz de transmitir amor y otros sentimientos a través de una “mirada” que trasciende su limitación física.

La proyección del alma a través de los ojos, impacta… disfrutemos y bendigamos su ofrenda de buena voluntad.

¡Qué divina sensación es la de recibir una mirada hermosa, llena de virtud y de consuelo para nuestros días!

¡Qué maravilla es poder percibir amor y alegría, apoyo y comprensión por una mirada que consideremos especial pero que en realidad es la que Dios desea que ofrezcamos siempre, todos los días y a todos!

Sin embargo: ¿Qué ha ocurrido? ¿Continuamos realizando obsequios del alma a través de nuestra mirada? ¿No? ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué se mira a los ojos de manera fervorosa y sumamente amorosa a la pareja, al esposo/a, al escolar, al adolescente, al bebé, a la madre recién parida, al padre que por fín logró el ascenso deseado, a los familiares y amigos, al anciano que regresa a casa después de una hospitalización, al compañero de trabajo recién integrado sólo por unos días u horas y luego, esta disposición, desaparece? ¿Nos cansamos de mirar, o damos por segura una relación?

Tal parece que miramos hasta calmar una sed de imagen, sin embargo, a quien contemplamos, no es una mera imagen, es una presencia. Presencia de Dios o de un poder superior en nosotros, presencia de Jesús, de María, de los santos y de los ángeles o presencia del bien potencial en el que creas... Cada mañana cuando despiertes, mira proyectando tu alma al ser que amas, bendícelo con una mirada que le inste a devolverla tan inspirada como la tuya o mejor… Cuando te duches, mira el agua que cae sobre tu cuerpo, observa su brillantez y bendícela por limpiarte y confortarte. ¡Relájate y disfruta!

Cada mañana cuando desayunes junto a tus seres queridos (si es que ya has perdido la tradición, haz lo posible por recuperarla), míralos a los ojos y percibe sus sentimientos e inquietudes (aparte de “tengo sueño”), recuerda que la inquietud que sale de casa, puede repercutir en el trabajo o la escuela.
Antes de salir de tu hogar, míralo y ora por su atmósfera de bienestar, ámalo impartiendo una mirada de gratitud.

Cada día, conduce mirando realmente, no permitas que tu ser automático te prive de la contemplación del nuevo día, del atardecer o de la noche…

Cuando cedas el paso, ya sea conduciendo, o caminando, mira y sonríe. Trata de percibir el alma de los demás a través de sus ojos… Al entrar a un elevador, no te mantengas mirando al piso, se consciente de quien está allí, saluda mirándolos bonito. Si entiendes que nunca has mirado bonito o que no sabes hacerlo, practica o busca ayuda. No temas mirar así. Si crees que tu alma es fea y que no luce bien a través de tus ojos, no ocultes ni evadas la mirada de esperanza, busca renovarte. No tengas miedo, no huyas. Permite que una mirada de bien, te conduzca a maneras nuevas para sentirte mejor, amar y ser amado. No pienses que si alguien te mira bonito es siempre porque tiene intenciones sospechosas. La mirada limpia y bien intencionada, es columna de sociedades sanas. Aprende a percibir, recibir y manejar saludablemente, las miradas.

Mira con amor y entusiasmo tu trabajo, no lo realices en automático. Si sientes aburrimiento por tu trabajo y no estás ya mirando lo que haces, descansa, cambia de tarea por un rato y si no sucede nada positivo, piensa sobre la posibilidad de que alguna comunicación o cambio significativo deba avecinarse y concretarse.

¡Mira con alegría a tus familiares, amigos, pacientes, clientes, hermanos de la iglesia, a tu párroco, a tus maestros…a todos!
Al anochecer, vuelve a mirar con gratitud a tu hogar, mira con dulzura y amor a tus seres queridos, y con profundidad a tu compañero de vida. Lo merecen… además…nunca es seguro nuestro amanecer.
Según la cultura o crianza, el mirar a los ojos es o no es bien recibido o permitido.

Documéntate sobre esto si has de compartir con grupos o personas diferentes al tuyo. Siempre es bueno crecer mediante el aprendizaje.

La mirada cálida y atenta es la que aprende, la que comprende, la que relaciona, la que descubre, la que resuelve, la que transforma, la que enriquece y la que ama. La mirada fría, descuidada, fea, maltratante, ofende, no aprende, no enriquece, no edifica ni ama. Por esto mencioné al principio que la capacidad de mirar como Dios quiere, es un ejercicio de buena voluntad. Se nos olvida. Hemos causado dolor y heridas por olvidarlo. Volvamos a él. 

Cuando la mirada es efectiva, descubre el interior del hombre y el propósito de la Creación. La mirada efectiva es terapéutica.

“Mira desde tu morada santa, desde el cielo, y bendice…” 
Deuteronomio 26:15

El Tanatólogo vive compartiendo

 

Compartir es Vivir
Shirley M. Silva Cabrera RPT, CT

“Dios, infinitamente Perfecto y Bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para que tenga parte en su vida bienaventurada. Por eso, en todo tiempo y en todo lugar, está cerca del hombre. Le llama y le ayuda a buscarlo, a conocerle y a amarle con todas sus fuerzas.”

Referencia: “La Vida del Hombre: Conocer y Amar a Dios”, Prólogo del Catecismo de la Iglesia Católica, 1997.



Compartir: acción de dádiva y de ejercicio espiritual que demanda desprendimiento y movimiento excéntrico a favor del prójimo, con un efecto de retorno al remitente impregnado de la misma fuerza y potencia con la que se originó, que posee la misma cualidad de afecto y de intención para remitente y destinatario y que encierra la simiente de desarrollo y continuidad de la Armonía como bálsamo de Dios en las almas. Estas son condiciones esenciales del compartir, pues sin ellas, esta acción queda sin efecto y se convierte en “Entrega”, lo cual sería tema para otro espacio y tiempo.

Dios es quien primero compartió. Compartió su ser, su aliento, su movimiento infinito con la finitud del hombre porque de alguna forma sintió necesidad de expresar Su Amor en matices no precipitados aún en Su Espacio, pero que palpitaban en Él. Se compartió, se ofreció, se ejercitó en la esperanza del “boomerang”, confiado en que retornaría a Él con la misma fuerza con la que fue lanzado. Dios y hombre compartieron sobre todo porque Dios es bondadoso y desea que tengamos parte en Su vida bienaventurada. Esta dinámica prevalece aunque muchísimas veces desproporcionadamente porque Dios comparte todo pero el hombre tiende a ser remilgoso y muy inestable en la calidad de sus relaciones. El hombre tiende a temer a las relaciones sanas e intensas por uno de los principios principales del compartir: el compromiso.

Aún así, Dios nos sigue buscando porque insiste en compartirse, Él sabe lo que es bueno y nos lo ofrece constantemente. Nos llama y nos ayuda a buscarle, a conocerle y amarle con todas nuestras fuerzas oportunidad tras oportunidad… Quiere que le amemos, igual que nosotros deseamos ser amados y queridos cuando sabemos que valemos la pena, sin que esto implique un ataque del ego ni una enfermedad de codependencia, si no el reconocimiento genuino y sano del hombre que se conoce a sí mismo y que se valora como recipiente del Amor de Dios que desea compartirse siempre, sin frustrarse ni dejarse abrumar por las pérdidas afectivas o por las declinaciones a la oferta amorosa. Es un “no colgar los guantes” porque alguien no quiso compartir con nosotros o porque no nos quiera. Es un “Sigo confiando en el Amor aunque me hallan ofendido” o un “Confío en el Amor aunque conlleve iniciaciones infinitas” porque el Amor no es el defectuoso, es la conducta del hombre, la manera que él escoge de vivir: desde un total descuido e indiferencia hacia el amor hasta un fanatismo por apariencias y ejercicios sociales en pos de lograr reconocimientos inmerecidos porque son acciones huecas, desbalanceadas cuando somos “luz de la calle y oscuridad de la casa”. Si queremos compartir realmente para experimentar lo que es vivir desde esta perspectiva: aprendamos a amarnos en Dios, a honrar las relaciones que tengamos en nuestros respectivos hogares, y de aquí, trascendamos a la sociedad. No pensemos que el compartir cristiano es el concentrarnos en funciones sociales y comportarnos descuidadamente con las relaciones que por ser allegadas o íntimas ya las damos por garantizadas y sin necesidad de valorizar su presencia y tiempo en nuestras vidas. El compartir como función del vivir humano conlleva delicadeza y sobretodo conciencia.

“Compartir es vivir” es una propuesta que ornamenta la vida humana con otras virtudes y cualidades deseables, a la vez de requerirlas para que se de el verdadero compartir:

Calma: la paciencia, tranquilidad y visión para cultivar la dinámica del compartir

Carácter: este carácter debe ser reconocido y conocido por cada persona que desea compartir como el conjunto de cualidades o circunstancias propias de una persona y que la distingue, por su modo de ser u obrar, de las demás. Cada persona que comparte debe estar consciente y clara respecto a su postura en dicha circunstancia y su determinación a manejar la misma en grados o matices de flexibilidad o constancia

Cariño: un derivado o matiz del Amor, incluye entre otras manifestaciones buena voluntad, bondad y caricias

Carisma: esa capacidad para atraer o fascinar, es también el Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad. La pasión por un propósito acompañada por el arte y gracia de su proyección convincente

Claridad: uso de la honestidad, del correcto discernimiento, de la verdad y la comunicación para evitar malos entendidos y confusiones

Comprensión: la cual incluye entendimiento de posturas y mucha paciencia. Otorgar y honrar momentos de silencio y concentración. Entender que a veces se necesita estar a solas y realizar tareas por separado sin que esto sea una amenaza al vínculo afectivo

Compromiso: convenio de lealtad y respeto de las personas que comparten dirigidas a un fin de bien para todos. Si la finalidad no es buena, esto no es compartir. Requiere coordinación (orden).

Comunicación: con su diálogo verbal y corporal

Conciencia: conocimiento reflexivo de lo que implica compartir, reconocer sus atributos esenciales y todas las modificaciones que por sí mismo puede experimentar.

Confianza: esperanza firme que se tiene de alguien o algo y seguridad que se tiene en sí mismo para compartir Conocimiento propio y de las dinámicas de las relaciones: si no nos conocemos, no podremos compartir cristianamente

Consideración: hacia las diferencias de estilo y de amar. Recordemos que el mundo se compone de supuestos y verdades relativas a nivel social y cultural

Cuidado: cultivar las relaciones con amor, dedicación y constancia. Embellecerlas y honrarlas con el mismo entusiasmo de los primeros días. 

El compartir añade un acento especial a la vida porque encierra la buena voluntad que Dios desea que sus hijos tengan unos hacia los otros manifestando la regla de oro: “Amaos los unos a los otros como yo los he amado” y esto a su vez contribuye al banco destinado para nuestra vida eterna.
Añado para ofrecer una trascendencia final a esta sección, una exposición importante de Juan Pablo II recordando cuatro conceptos clave articulados por Juan XXIII en su encíclica de 1963 «Pacem in terris» (la verdad, la justicia, el amor y la libertad, cuatro importantes requisitos para que reine la paz y en relación a esta sección para que se de el verdadero compartir). Juan Pablo II indica que “la interacción de estos cuatro factores, significa que podemos pensar en la sociedad «como una realidad sobre todo espiritual». Es espiritual en el sentido de que sus miembros comparten en la verdad y juntos aspirar «a los bienes del espíritu», mientras que comparten al mismo tiempo «los sanos placeres del mundo». Este compartir implica que las personas ofrezcan a los demás «todo lo que es mejor de sí mismas», y beneficiarse de las riquezas espirituales de sus prójimos. Los valores espirituales así obtenidos guiarán a su vez las acciones de la sociedad en su cultura, economía, leyes y demás elementos que eleven la vida humana.
“Compartir es Vivir”.

Referencias:
1. Catecismo de la Iglesia Católica, 1997
2. Diccionario de la Lengua Española – Vigésima segunda edición, Real Academia Española: Compartir. (Del lat. compartīri). 1. tr. Repartir, dividir, distribuir algo en partes. 2. tr. Participar en algo
3. www.corazones.org Esta página es obra de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María
4. Imagen:”Compartir es Vivir” reproducción obra en pastel Shirley Silva



El Tanatólogo como cuidador y científico se expone a lo sagrado

 


Detalle de “Metamorfosis”, obra original en pastel de Shirley M. Silva Cabrera, 2006

 

El Cuidador y lo Sagrado
El término “sagrado” acoge una serie de valores que son esenciales para una civilización, grupo o individuo. Es una condición u objeto contemplado con veneración y respeto por su particular naturaleza, que permite una elevación de conciencia y una experiencia descrita como divina cuando nos abrirnos a ésta sin temor o reservas, pudiendo recibir a cambio una Gracia por actitud y postura correctas. Lo Sagrado es conexión con el Absoluto, con lo que nos une al Universo como un Todo, disminuyendo considerablemente el sentimiento de separabilidad que mortifica la existencia del buscador espiritual o del ser humano insatisfecho por el “no se qué, y qué se yo “de su existencia insípida. Lo Sagrado nos lleva al Bien y cimenta en nosotros un significado imperecedero si hacemos de él una condición y práctica diarias de nuestra vida, una disciplina a ejercitar en todos nuestros ámbitos: físico, mental, emocional, espiritual, cultural y social.

Lo Sagrado se halla inherente en toda la Creación y condición humana. El hombre y sólo el hombre es quien empobrece esta apreciación cuando disminuye su campo visual a una mera función física ocular, estrechada por factores materiales, competencias humanas y el temor. Los destellos de lo Sagrado asoman a diario en nuestras vidas: Los primeros rayos de la luz al amanecer, las miradas de amor y amistad, el servicio bien impartido, las ganancias, las pérdidas y la muerte…

Quisiera compartir con ustedes una de las maneras más especiales por la que podemos descubrir lo Sagrado en la vida cotidiana: El Cuidado al Paciente Moribundo o Terminal.

Podemos realizar que la sacralidad es manifiesta cuando acompañamos de manera consciente y compasiva a otros. Quizás cuando menos lo esperemos, un sentimiento de temor y emoción reverencial nos inunde: oleadas de gratitud o de una clase de amor y afecto jamás experimentada por todo o por nada, un inmenso sentimiento de paz, una madurez mental y emocional que nos torna en seres más reflexivos, condescendientes y sabios, conocedores de un plano y dinámicas energéticas y espirituales que se nos revelan al nosotros ejercer como agentes de cuidado del enfermo y al aproximarse la muerte. Por todo esto y más, seamos agradecidos.

Sugiero que no temamos a este proceso que muy bien nos ha de recordar también nuestra propia mortalidad y finitud, la fugacidad y transitoriedad de la vida. Démosle la bienvenida mientras se desenvuelve lo Sagrado al cuidar al enfermo o al moribundo. Es otra manera de disminuir el concepto de la muerte como “fenómeno” o como forastero de la existencia y hacerlo partícipe de la realidad dual de su jornada. Si tememos o huimos de otorgar cuidado al enfermo terminal o moribundo, nos perdemos de muchas gracias, dones y destrezas. Sugiero que reflexionemos sobre nuestros propios temores de morir y sobre cuánto conocemos de nosotros mismos, si conocemos quienes somos y cuáles son las fuentes de nuestra seguridad personal que nos ofrecen “raíz” y dirección. Quizás este desconocimiento es el que nos aleja de nuestros pacientes y no su condición de proximidad de muerte como tal.

James E. Miller y Susan C. Cutshall, citan en su libro: “The Art of Being a Healing Presence” a Alfred, Lord Tennyson: “Permanece cerca de mí, cuando mi luz está baja.” y esto es lo que esperan nuestros enfermos y moribundos. Es muy fácil y agradable acompañar en la abundancia, en la salud y la prosperidad, en la alegría y en la luz. Mas os aseguro que una Gracia mayor y una revelación de lo Sagrado se manifestará con mayor poder en el acompañamiento, siendo testigos de una jornada hacia la muerte, sirviendo como farolitos que iluminan una partida. Os aseguro que esta experiencia sagrada nos convertirá en espejos que reflejarán enseñanzas maravillosas de la vela que se apaga, del alma, energía, luz, esencia, que trasciende nuevamente al Todo, independientemente de lo que sea.

Mientras experimentamos la sacralidad en el cuidado del enfermo o moribundo, inevitablemente cambiamos, de alguna manera también morimos, mas la buena nueva es que debe ser para bien, para crecer, para ser mejores, para trascender a una nueva perspectiva del potencial humano, para retornar a su conciencia de luz y evolucionar en mente y espíritu. Debe ser para bien, porque a fin de cuentas, nosotros somos quienes otorgamos el permiso para toda transformación en nuestra vidas a no ser por un mandato divino imperativo y determinante a favor de la humanidad, sin entrar en la discusión de la naturaleza de esta mecánica ni de su posibilidad.

El abrirnos al ejercicio de la observación y percepción de lo sagrado en el cuidado del enfermo o moribundo no nos exime de la experimentación de los sentimientos y reacciones normales ante las pérdidas. No tenemos que elevarnos sobre ellos. No tenemos por qué actuar sin permitirnos ser emocionales. Lo Sagrado se revela mediante la valoración de todo lo que somos incluyendo la conciencia y experimentación genuinas de lo que sentimos. Todos los sentimientos son válidos.

Lo que nos llevará a la sacralidad de la vivencia con el enfermo y el moribundo, no es la ausencia de la tristeza o del coraje, si no la seguridad de que si la tristeza o el coraje están presentes, esto es normal y pasará con nuestra mejor actitud y disposición hacia el proceso de duelo, hacia el desenvolvimiento natural y genuino de la experiencia y nuestra persistencia para ser Presencias Sanadoras, aportando, a pesar de nuestro dolor o falta de comprensión de : ¿Por qué a él o a mí?, las siguientes posturas : Presencia, Permiso, Paciencia, Predictibilidad y Persistencia.

En El Tanatólogo como Presencia Sanadora comparto con ustedes las condiciones que caracterizan cada uno de estos principios.

 


 

El Tanatólogo como cuidador y científico contempla la muerte: Las Nueve Contemplaciones sobre la Muerte

LAS NUEVE CONTEMPLACIONES SOBRE LA MUERTE
“Ver la muerte como una nueva oportunidad para dar vida y dejar un legado”


Sonia Quirós, Sicóloga, Egresada Certificado Profesional en Tanatología y Salud Integral, DECEP,UPR, Recinto de Río Piedras
Directora Programa de Ayuda y Servicios al Personal Universitario, sonia.quiros@upr.edu

Es tiempo de reflexionar, de reestructurar, de obsequiar significado a los tiempos que vivimos, a los seres queridos que nos sobrevivirán. Conocí nueve contemplaciones como perspectivas sobre el vivir y el morir, exploradas por el gran monje del siglo once Atisha Dipankara Shrijnana. ¿Qué estamos haciendo para darle profundidad a nuestra experiencia de vida? ¿Qué estamos haciendo para preparar el momento de nuestra muerte? Comparto hoy las nueve contemplaciones sobre la muerte, de Atisha y una breve reflexión personal sobre cada una.

1. La muerte es inevitable:
Tenemos la necesidad de educarnos y conocer cómo enfrentar efectivamente esta realidad y los miedos hacia la misma. Mejoremos la calidad de vida y la de los seres que nos rodean y que amamos, dejemos un legado de amor y de buenas obras. Así como la muerte es inevitable, así es como también nuestras buenas obras, el amor que hayamos brindado y el legado que dejemos en nuestro breve camino, harán inevitable que seamos recordados.

2. Nuestro lapso de vida disminuye constantemente:

Cada amanecer nuevo, es un nuevo comienzo y el atardecer, el anochecer, nos acercan más al final de nuestras vidas. Reflexionar sobre esta realidad nos permite comprometernos a mejorar como personas, a vivir cada momento intensa pero responsablemente: resolver asuntos pendientes, vivir aquí y ahora, ofrecer lo mejor de nosotros desde nuestro interior y dar fin a todas aquellas situaciones que puedan traer conflictos al momento de nuestra muerte. Honremos la esencia que Teilhard de Chardin nos atribuye: “Seres espirituales viviendo una experiencia física”.

3. La muerte vendrá sea que estemos preparados o no:

Entendemos que la muerte es parte de la existencia, sin embargo, enfrentarnos a esa realidad absoluta es doloroso. Muchas veces se niega esa realidad. En términos conductuales, muchas personas no quieren tocar el tema de la muerte, otros (sobre todo los jóvenes) entienden que serán eternos físicamente y se involucran en actividades peligrosas y de alto riesgo ya sea por ignorancia o irresponsabilidad sin reconocer que la vida es valiosa. El existir es una oportunidad para crecer, madurar, para ser mejores, para enriquecer nuestra humanidad. Moriremos algún día. Mejoremos responsablemente nuestras actitudes hacia la vida y la muerte, porque esta última vendrá, sea que estemos preparados, o no. Evitemos sufrimientos innecesarios.

4. La expectativa de vida humana es incierta:
Reconozcamos lo finitos que somos, lo expuesto que estamos…no sabemos lo que depara la vida para cada uno, ni por cuánto tiempo la experimentaremos…vivamos con la conciencia de ser plenos, correctos, compasivos.

5. Hay muchas causas para la muerte:
Nuestros encuentros con la muerte quedan determinados por su causa, la trayectoria de la enfermedad o del evento que la precipita, por el lugar en la que ocurre, por las expectativas de vida… No sabemos si enfrentaremos una muerte rápida o si pasaremos por un proceso largo de dolor físico o de oportunidad de reflexión. Tenemos la gran tarea de refinar nuestros conocimientos, conductas, afectos y valores para que sin importar la causa de nuestra muerte, la dignidad nos acompañe siempre.

6. El cuerpo humano es frágil y vulnerable:
Víctor Frankl decía que nuestro espíritu es libre, esto no implica que nuestro cuerpo sea inmortal. ¡Cuánto lo descuidamos y maltratamos! Si queremos disfrutar estando vivos de la libertad de espíritu (cualquiera que sea su significado para cada uno de nosotros), debemos considerar la importancia de cuidar de nuestro equipaje prestado por breve tiempo: nuestro cuerpo frágil y vulnerable.

7. Al momento de la muerte, nuestros recursos materiales son inútiles:
Nada de lo que acumulemos o tengamos en términos materiales evitará nuestra muerte cuando ya sea definitiva. Nada nos llevaremos, solo los momentos hermosos vividos, las obras buenas, los recuerdos y vivencias. La actitud mental, afectiva y espiritual que cultivemos para el momento de la muerte, es lo que nos otorgará un mejor pasaje de ida.

8. Nuestros seres amados no pueden evitar nuestra muerte:
Desde cierta perspectiva, nuestro viaje hacia la Tierra, lo hacemos solos, desnudos…nuestro viaje de retorno al Universo, también lo haremos solos. Los seres amados no pueden evitar nuestra muerte cuando llegue el momento definitivo e innegociable. La intensidad del dolor experimentado por la muerte, sí puede mitigarse. Una respuesta, la más valiosa, es el Amor.

9. Nuestro propio cuerpo no puede ayudarnos al momento de nuestra muerte:
Nuestro cuerpo material se entregará a la muerte irremediablemente cuando sea su momento. No hay constitución física que se le resista o que pueda evitarla. El cuerpo retornará a la Tierra para dar vida nueva…nuestra fe y valores espirituales son lo único que podrá permanecer como un cuerpo nuevo entre los que nos han amado.

Para más información sobre Sonia Quirós visite Eventos y Artículos
Presentación del libro - "Desde que te Fuiste Papá, eres mi Ángel de Amor"



El Tanatólogo como cuidador y científico analiza sus fragilidades:

EL TEMOR A LA MUERTE NO ES COSA TONTA NI SOLO DE NIÑOS
Shirley M. Silva Cabrera RPT,CT


“El temor a la muerte puede establecer las pautas de nuestra vida y controlarla, a pesar de nuestras creencias o religión”


Uno de los primeros textos de Tanatología que estudié fue de Straub: Death 101, cito del mismo: “Muchos de los problemas de la vida surgen de la inhabilidad para confrontar la inevitabilidad de la propia muerte. Confrontar la muerte propia puede ser una experiencia temible y solitaria, pero también puede ayudarle a vivir una vida más plena. Necesitamos reconocer que no podemos ser de mucho servicio para otros si no cuidamos de nosotros mismos.
Muchos de nosotros nos sentimos abiertos y desapegados acerca de tratar con las tragedias de otros, pero cuando nos confrontamos con nuestra propia muerte, frecuentemente evitamos tratar el asunto. El miedo y la ansiedad acerca de nuestro lapso de vida limitado nos previene de discutir la muerte, mucho menos considerar cómo la comprensión de nuestra mortalidad puede enaltecer la calidad de nuestra vida presente. Nuestro miedo a la muerte nos ha cerrado puertas y nos mantiene lejos de explorar aspectos de nuestra propia personalidad.”

Para aquellos interesados en realizar ejercicios prácticos y curiosos relacionados a la Tanatología, este texto es muy útil y valioso.

He ido enriqueciendo una lista de posibles ejercicios que pueden ayudarnos a comprender, mitigar, aliviar, o superar el miedo relacionado a la muerte que podamos experimentar o reconocer como obstáculo para una vida feliz y satisfactoria. Es muy posible también que cuando decimos: “Temo a la muerte”, signifique que ese temor esté relacionado a algún proceso o acontecimiento previo o durante la misma. A más específicos podamos ser identificando nuestros temores sobre la vida y la muerte, más calidad de vida disfrutaremos hasta el último aliento de nuestra existencia. No sintamos vergüenza de reconocer nuestros miedos. El temor a la muerte no es cosa tonta que no necesite ser reconocida honestamente ni tratada, por el mito social de ser algo propio de un niño y no de un adulto. Una sociedad insensibilizada bajo la presión constante de una amenaza de aniquilación o bajo una negación institucional sobre la muerte, puede crear patologías y desórdenes emocionales destructoras del derecho humano a experimentar la metamorfosis merecedora del mayor trato digno en la existencia del hombre: su propia muerte.

En el reconocimiento comienza la solución si asumimos la actitud correcta para trascender las limitaciones.
Para todo profesional, especialmente los de la salud y la espiritualidad, es fundamental el ejercicio introspectivo sobre el morir y la muerte.

 

¿Qué ejercicios podemos hacer para afrontar la idea de la muerte propia?

  • Educarnos sobre la muerte y el duelo, disponernos a perder el miedo a la muerte, no el respeto a la muerte 

  • Liberarnos de mitos sobre la muerte ,explorar cómo se nos educó o instruyó sobre la misma en nuestra niñez y reflexionar sobre nuestras experiencias tempranas con la muerte

  • Reflexionar sobre nuestro concepto Dios o Poder Superior y nuestra relación con él

  • Diferenciar el temor al sufrimiento del temor a la muerte

  • Reconocer la vida y la muerte como partes naturales de la existencia, contemplar la muerte como : universal, irreversible, inevitable

  • Buscar ayuda para ser escuchado y para manejar miedos y dudas sobre la vida y la muerte. El temor a la muerte no es cosa tonta o “solo de niños” Aceptémonos y evolucionemos

  • Aceptar nuestro potencial para el cambio y cambiar

  • Conocernos mejor, alimentando nuestra autoestima y espíritu, no el ser egoísta o sintético alimentado por roles. Identificar nuestro tipo prevaleciente de personalidad 

  • Vivir el presente conscientemente, con intensidad y responsabilidad

  • Amar funcionalmente. Liberémonos de dependencias y codependencias 

  • Nutrirnos de enseñanzas y disciplinas prácticas, espirituales

  • No tener asuntos inconclusos o pendientes o teniendo el menor número posible de ellos

  • Determinar y trabajar nuestra superación integral ( física, emocional, mental, espiritual y social ).Trabajar por una meta en la vida y por un legado de significado y trascendencia

  • Reconocer prácticas de escapismos en nuestras vidas huyendo de la conciencia de la muerte o de la mortalidad, como quiera, somos seres finitos en el plano físico, huyamos o no , nos hundamos en la fantasía del desamor, el dinero, el alcohol, las drogas, el sexo irresponsable … Descubramos por qué razón abusamos de ellos . ¿Miedo a la muerte? Con estos escapismos ya la estamos experimentando en vida, esto, aparte de experimentar “las pequeñas muertes diarias” (muertes celulares en nuestro cuerpo, el paso del “tiempo”, las despedidas...) ¿Por qué complicar esta angustia existencial y genuina del miedo a la muerte, escapando?

  •  Buscar un estilo de vida sano, una fé religiosa, una creencia que nos sostenga a pesar de presiones de grupo, aprendamos a ir en contra de la corriente por convicciones propias de liberación emocional, mental y espiritual que nos den la victoria de vivir una vida plena, realizada.

Para concluir, recordemos que el bien que produzcamos en nosotros, se proyectará en aquellos quienes nos aman, especialmente nuestros niños.



Eventos destacados de la Tanatología Integral ®en Puerto Rico?

 

Año 1999: Estudio, Justificación y Modelo para un Programa de Tanatología de Base Hospitalaria en Puerto Rico – Propiedad Intelectual de Shirley M. Silva Cabrera RPT,CT.

Año 2000: Fundación de “Tannatos 2000” – Primer Programa de Tanatología de base hospitalaria en Puerto Rico

Año 2000 al presente: participación en convenciones y congresos.

Año 2003: Fundación de la Asociación de Tanatología Integral de Puerto Rico y el Caribe, Inc.®: Custodia de la práctica y profesionalización de la Tanatología en Puerto Rico.

Año 2004: Comienzo de cursos en educación continua en Tanatología Integral®, Universidad Carlos Albizu, Recinto de San Juan.

Año 2005:

  • Talleres Introductorios y Avanzados en Tanatología, División de Educación Continua y Estudios Profesionales, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras

  • Organización y coordinación presentación Robert Neimeyer en Universidad Carlos Albizu, Recinto de San Juan

2005 al presente: Tanatología en prensa, televisión, radio e internet

 

Año 2006 al Presente: 

  • Certificado Profesional en Tanatología y Salud Integral División de Educación Continua y Estudios Profesionales, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras

  • Talleres de Educación Continua variados en Tanatología Integral®

  • Orientaciones sobre Tanatología a la comunidad y funcionarios del Gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico

  • Aportación de proyecto y representación como deponente en Vistas públicas PC-2386

 

Año 2007al Presente:

  • Proyecto de Ley

  • Orientaciones a la comunidad y funcionarios del Gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico

  • Servicio de Tanatología en la Administración de Servicios Médicos de Puerto Rico con expansión a la comunidad

  • Manual de Tanatología Hospitalaria

Año 2008 al Presente: Congresos de Tanatología Integral de Puerto Rico y el Caribe- Auspicio principal: División de Educación Continua y Estudios Profesionales, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

 

Año 2010:

 

Año 2011

  • Informe positivo y aprobación por Cámara de Representantes Proyecto de Ley Tanatología

  • Participación simulacros ASEM

Año 2012 – Informe positivo de Senado sobre Proyecto de Ley Tanatología

 

Año 2014 - Inauguración del Programa de Cuidados Paliativos del Hospital de Trauma, ASEM

 

Año 2015 - Facebook: Tanatología Integral Puerto Rico - Administrado por Edgar Rivera, Certificado Profesional en Tanatología y Salud Integral

 


 

La Asociación
¿Qué representa la Asociación de Tanatología Integral de Puerto Rico y el Caribe, Inc.®?

La Asociación de Tanatología Integral de Puerto Rico y el Caribe, Inc. ® (ATIPRC®) ha sido y es la organización custodia de la práctica y profesionalización de la Tanatología en Puerto Rico desde su fundación en 2003.

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